 El servicio es una de las mejores oportunidades que tenemos los seres humanos de agradecer a nuestro Padre Celestial por todas las bendiciones que recibimos a diario.
El hecho de amanecer vivos es un milagro por el cual tendríamos que estar muy agradecidos, sin embargo, cuando se nos presenta la primera oportunidad de ayudar a alguien, casi siempre tenemos las justificaciones para no hacerlo.
Recientemente estaba conversando con alguien, y llegó una tercera persona preguntándole a mi amigo, si él sabía de un médico que fuera miembro de la iglesia para hacer una cita con él. Como por naturaleza soy muy metido, le pregunté cuál era la razón. Con mucho detalle me contó que tenía más de una semana de estar sufriendo de una hemorragia cada vez que iba al baño.
Al ver la gravedad del caso, le dije que yo si sabía de un lugar en donde cobraban muy poco, pero que quedaba un poco lejos. Hice la consulta telefónica con uno de mis hijos que practica medicina general, me recomendó a dos de sus colegas y me dio la dirección de la clínica, la que inmediatamente se la di a mi nuevo amigo.
Tres días después exactamente, recibí una llamada telefónica, y era la misma persona que hace unos días estaba completamente abatido por lo que parecía algo muy serio. Y en verdad lo era, pero cuando se está en las manos de un médico experto, las cosas parecen muy fáciles. —Quiero agradecerle por sus servicios. Fui a ver al doctor, me diagnosticó que tenía parásitos, me dio antibióticos, un purgante, y otras recomendaciones que me han mejorado. ¡Que Dios le bendiga!—
Yo creo que estamos en este mundo con una misión que cumplir, y el servir a la humanidad, es solamente una pequeña parte de esta gran misión.
Cuando era un adolescente adopté dos frases como parte del creo de mi vida: —Yo creo que la fe en Dios da sentido y objeto a mi vida, y que servir a la humanidad, es la mejor obra de una existencia —
Si todos los seres humanos pudiéramos entender que cada ves que servimos a un semejante estamos sirviendo a Dios, creo que nunca nos negaríamos esa oportunidad.
En la misma vida diaria todos tenemos la bella oportunidad de servir a los demás, pero muchas veces nos negamos ese privilegio poniendo las excusas más ridículas que puedan existir.
Cuando era un niño me enseñaron muchos valores que posiblemente usted querido lector, también tuvo la oportunidad de recibir. Estos valores, como cederle el asiento a un anciano o una señora, saludar con respeto a las personas mayores, ser obediente y reverente ante los padres y personas importantes de la comunidad, etc. Ahora todo a cambiado; los niños apenas le dicen —HI — a sus padres y amigos, y para colmo, hasta chascarrillos se han escrito al respecto: —Una señora con dos niños se subió al autobús, y al ver que nadie le cedía el asiento, dijo en voz alta: “En estos tiempos, ya no hay caballeros que cedan el asiento a las mujeres” Uno de los pasajeros le contestó: CABALLEROS SI HAY, LO QUE NO HAY SON ASIENTOS.
Si nosotros como padres de familia pudiéramos dar el buen ejemplo a nuestros hijos, de alguna manera, esos principios que se imparten en el hogar, al final de nuestra jornada en esta tierra, al menos existirá un recuerdo de lo que FUE Y NO PUDO SER.
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